El pasado martes nos reunimos con el Consejero de Educación del Gobierno de Canarias varios miembros del Frente Unitario para la Defensa de la Enseñanza Pública, integrado por centrales sindicales y asociaciones de padres, madres y alumnos.
Como era de esperar, nuestro Consejero centró su discurso en lamentarse en público de las duras circunstancias por las que atraviesa la enseñanza pública de Canarias, pero, eso sí, las culpas de todas las desgracias no son suyas, “el malo de la película” está en Madrid, sin duda parte de razón no le falta.
Después de insistirnos en su versión de los hechos y en la actuación casi heroica de su equipo directivo para salvar los puestos de trabajo de miles de interinos, trató de excusar su responsabilidad en la brutal reducción de plantillas aplicada a los centros docentes en este curso escolar por la obligación de cumplir las normas básicas estatales.
Sin darse cuenta, al presumir a continuación de los profesores de apoyo “concedidos generosamente” a algunos centros, estaba reconociendo su evidente complicidad en el “recorte” de maestros y profesores, ya que nadie le impedía seguir incrementando el número de estos docentes.
En realidad, al Gobierno de Canarias, como a todas las demás Administraciones Educativas, el famoso Real Decreto-ley les ha venido fenomenal para poder reducir la elevada incidencia del coste del personal docente en la desviación de su déficit público, que están obligadas a controlar como sea.
Además, se permitió anunciarnos que el próximo presupuesto educativo será todavía peor, ya que los ingresos recibidos del Estado previsiblemente disminuirán considerablemente, mientras los sindicatos le exigíamos, al menos, más diálogo y negociación en la Mesa Sectorial. Esperamos que la convocatoria para iniciar la negociación el martes de la próxima semana no se quede en una declaración de intenciones.
Con lo que estamos viviendo y “lo que nos viene”, no es de extrañar que los actos de protesta, iniciados esta tarde con las primeras convocatorias del Frente Unitario en Tenerife y Gran Canaria, sean sólo el preludio de un curso que, ineludiblemente, verá al profesorado, al alumnado y a sus familias, manifestarse en las calles una y otra vez, como única salida para demostrar a nuestros gobiernos que sus torpes decisiones están acabando con el futuro de nuestra juventud.